ESPECIAL DE SEMANA SANTA
LA SEMANA SANTA Y EL TRIDUO PASCUAL EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA
CATÓLICA
1.
SEMANA
SANTA
e
El Catecismo nos enseña lo siguiente Si no quiere leer nos puede escuchar
556 En el umbral de la vida pública se
sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por el Bautismo de
Jesús "fue manifestado el misterio de la primera regeneración":
nuestro bautismo; la Transfiguración "es el sacramento de la segunda
regeneración": nuestra propia resurrección. Desde ahora nosotros participamos
en la Resurrección del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos
del Cuerpo de Cristo. La Transfiguración nos concede una visión anticipada de
la gloriosa venida de Cristo "el cual transfigurará este miserable cuerpo
nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo" (Flp 3,21). Pero ella nos
recuerda también que "es necesario que pasemos por muchas tribulaciones
para entrar en el Reino de Dios" (Hch 14,22):
Pedro no había
comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la
montaña (cf. Lc 9,33). Te ha reservado
eso, oh Pedro, para después de
la muerte. Pero ahora, él mismo
dice: Desciende para penar en la
tierra, para servir en la tierra,
para ser despreciado y crucificado
en la tierra. La Vida desciende
para hacerse matar; el Pan desciende
para tener hambre; el Camino
desciende para fatigarse andando; la
Fuente desciende para sentir la
sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?
[San Agustín]
La
subida de Jesús a Jerusalén
557 "Como se iban cumpliendo los días
de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9,51).
Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres
ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección. Al
dirigirse a Jerusalén dice: "No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén"
(Lc 13,33).
558 Jesús recuerda el martirio de los
profetas que habían sido muertos en Jerusalén. Sin embargo, persiste en llamar
a Jerusalén a reunirse en torno a él: "¡Cuántas veces he querido reunir a
tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis
querido!" (Mt 23,37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre
ella y expresa una vez más el deseo de su corazón: "¡Si también tú
conocieras en este día el mensaje de paz! pero ahora está oculto a tus ojos"
(Lc. 19,41-42).
La
entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén
559 ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su
Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey, pero
elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de
"David, su padre" (Lc 1,32). Es aclamado como hijo de David, el que
trae la salvación ("Hosanna" quiere decir "¡sálvanos!",
"¡Danos la salvación!"). Pues bien, el "Rey de la Gloria"
(Sal 24,7-10) entra en su ciudad "montado en un asno": no conquista a
la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia,
sino por la humildad que da testimonio de la Verdad. Por eso los súbditos de su
Reino, aquel día fueron los niños y los "pobres de Dios", que le
aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores. Su aclamación,
"Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Sal 118,26), ha sido
recogida por la Iglesia en el "Sanctus" de la liturgia eucarística
para introducir al memorial de la Pascua del Señor.
560 La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta
la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su
Muerte y de su Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la
liturgia de la Iglesia abre la Semana Santa.
1163 "La santa Madre Iglesia considera
que es su deber celebrar la obra de salvación de su divino Esposo con un
sagrado recuerdo, en días determinados a través del año. Cada semana, en el día
que llamó «del Señor», conmemora su resurrección, que una vez al año celebra
también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua.
Además, en el círculo del año desarrolla todo el Misterio de Cristo... Al
conmemorar así los misterios de la redención, abre la riqueza de las virtudes y
de los méritos de su Señor, de modo que se los hace presentes en cierto modo,
durante todo tiempo, a los fieles para que los alcancen y se llenen de la
gracia de la salvación". [SC 102]
1164 El pueblo de Dios, desde la ley
mosaica, tuvo fiestas fijas a partir de la Pascua, para conmemorar las acciones
maravillosas del Dios Salvador, para darle gracias por ellas, perpetuar su
recuerdo y enseñar a las nuevas generaciones a conformar con ellas su conducta.
En el tiempo de la Iglesia, situado entre la Pascua de Cristo, ya realizada una
vez por todas, y su consumación en el Reino de Dios, la liturgia celebrada en
días fijos está toda ella impregnada por la novedad del Misterio de Cristo.
1165 Cuando la Iglesia celebra el Misterio
de Cristo, hay una palabra que jalona su oración: ¡Hoy!, como eco de la oración
que le enseñó su Señor y de la llamada del Espíritu Santo. Este "hoy"
del Dios vivo al que el hombre está llamado a entrar, es la "Hora" de
la Pascua de Jesús, que atraviesa y guía toda la historia:
La
vida se ha extendido sobre todos los seres y todos están llenos de
una
amplia luz: el Oriente de los orientes invade el universo, y el
que
existía "antes del lucero de la mañana" y antes de todos los
astros,
inmortal e inmenso, el gran Cristo brilla sobre todos los
seres
más que el sol. Por eso, para nosotros que creemos en él, se
instaura
un día de luz, largo, eterno, que no se extingue: la Pascua
mística.
[San Hipólito de Roma]
http://www.goear.com/listen/8d5554d/domingo-ramos-segundo-jorge-rodriguez vía @goear
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