lunes, 30 de marzo de 2015

Domingo de Ramos

ESPECIAL DE SEMANA SANTA
LA SEMANA SANTA Y EL TRIDUO PASCUAL EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
1.       SEMANA SANTA
e
 El Catecismo nos enseña lo siguiente                 Si no quiere leer nos puede escuchar

556 En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por el Bautismo de Jesús "fue manifestado el misterio de la primera regeneración": nuestro bautismo; la Transfiguración "es el sacramento de la segunda regeneración": nuestra propia resurrección. Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo "el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo" (Flp 3,21). Pero ella nos recuerda también que "es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios" (Hch 14,22):
              
Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la
               montaña (cf. Lc 9,33). Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de
               la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar en la
               tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado
               en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende
               para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la
               Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?
               [San Agustín]

                               La subida de Jesús a Jerusalén

557 "Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9,51). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección. Al dirigirse a Jerusalén dice: "No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén" (Lc 13,33).

558 Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en Jerusalén. Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a él: "¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!" (Mt 23,37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su corazón: "¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! pero ahora está oculto a tus ojos" (Lc. 19,41-42).

                               La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén

559 ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey, pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de "David, su padre" (Lc 1,32). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación ("Hosanna" quiere decir "¡sálvanos!", "¡Danos la salvación!"). Pues bien, el "Rey de la Gloria" (Sal 24,7-10) entra en su ciudad "montado en un asno": no conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad. Por eso los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños y los "pobres de Dios", que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores. Su aclamación, "Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Sal 118,26), ha sido recogida por la Iglesia en el "Sanctus" de la liturgia eucarística para introducir al memorial de la Pascua del Señor.

560 La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia abre la Semana Santa.

1163 "La santa Madre Iglesia considera que es su deber celebrar la obra de salvación de su divino Esposo con un sagrado recuerdo, en días determinados a través del año. Cada semana, en el día que llamó «del Señor», conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua. Además, en el círculo del año desarrolla todo el Misterio de Cristo... Al conmemorar así los misterios de la redención, abre la riqueza de las virtudes y de los méritos de su Señor, de modo que se los hace presentes en cierto modo, durante todo tiempo, a los fieles para que los alcancen y se llenen de la gracia de la salvación". [SC 102]

1164 El pueblo de Dios, desde la ley mosaica, tuvo fiestas fijas a partir de la Pascua, para conmemorar las acciones maravillosas del Dios Salvador, para darle gracias por ellas, perpetuar su recuerdo y enseñar a las nuevas generaciones a conformar con ellas su conducta. En el tiempo de la Iglesia, situado entre la Pascua de Cristo, ya realizada una vez por todas, y su consumación en el Reino de Dios, la liturgia celebrada en días fijos está toda ella impregnada por la novedad del Misterio de Cristo.

1165 Cuando la Iglesia celebra el Misterio de Cristo, hay una palabra que jalona su oración: ¡Hoy!, como eco de la oración que le enseñó su Señor y de la llamada del Espíritu Santo. Este "hoy" del Dios vivo al que el hombre está llamado a entrar, es la "Hora" de la Pascua de Jesús, que atraviesa y guía toda la historia:


               La vida se ha extendido sobre todos los seres y todos están llenos de
               una amplia luz: el Oriente de los orientes invade el universo, y el
               que existía "antes del lucero de la mañana" y antes de todos los
               astros, inmortal e inmenso, el gran Cristo brilla sobre todos los
               seres más que el sol. Por eso, para nosotros que creemos en él, se
               instaura un día de luz, largo, eterno, que no se extingue: la Pascua
               mística. [San Hipólito de Roma]

http://www.goear.com/listen/8d5554d/domingo-ramos-segundo-jorge-rodriguez vía @goear
                              

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